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Elecciones Municipales del 5 de octubre

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¿Hacia adónde va Lima?

Por:  Oswaldo Carpio Villegas. Las elecciones del 5 de abril han confirmado la fractura o feudalización política de la ciudad de Lima y del país. Se puede usar una metáfora muy simple que grafica lo que sucede en la política: los partidos corren como atletas con anteojeras que compiten en 400 metros con obstáculos en carriles separados, viéndose solamente para atacarse o ponerse obstáculos pero sin realizar acuerdos, alianzas básicas o buscar consensos. La competencia es de todos contra todos, sin interesar los graves problemas de gobernanza y gobernabilidad y, mucho menos, sin considerar los desafíos que implica gobernar una ciudad ya está sobre los 9 millones de habitantes, desafíos que van mucho más allá de sus esmirriadas fuerzas políticas consideradas individualmente.

Desde el año 1989 al 2014 se han realizado ocho procesos electorales y, desde entonces hacia delante, las condiciones para la gobernabilidad de Lima lejos de haber mejorado han empeorado. Pese a que se aprobó una nueva Ley Orgánica de Municipalidades (Ley Nº 27972, publicada el 27 de mayo del 2003) que recogía el carácter unitario y descentralizado del Estado peruano que con la Constitución de 1993 establece que las municipalidades tienen autonomía política, económica y administrativa en los asuntos de su competencia, estas entidades que existen como Cabildos desde la presencia española, han tenido avances y retrocesos. Avances, en tanto se han formado miles de profesionales especializados en temas municipales que han logrado darle un cierto rostro algo más moderno a estas entidades. Sin embargo, la fractura política y la corrupción han dado lugar a que la Municipalidad Metropolitana de Lima y sus distritos (42) -sin considerar a los del Callao- actúen de espaldas unas de otras generando problemas de gobernanza y gobernabilidad en una ciudad que requiere una visión conjunta, compartida, entre la autoridad metropolitana y las autoridades de los distritos, además de una visión conjunta con los alcaldes del Callao.

Los desafíos de la ciudad de Lima son enormes pues las ciudades en el mundo compiten entre sí por atraer inversiones, turistas, eventos internacionales, etc., con el fin de generar empleo, derrotar la pobreza y mejorar la calidad de vida de sus vecinos. Desde este punto de vista, Lima pese a sus parciales y limitados avances, se encuentra en clara desventaja si la comparamos con ciudades como Santiago, Bogotá, Cali, Medellín, Quito, Guayaquil dentro de los países andinos; pero si hablamos de una competencia en América Latina, quedamos rezagados ante ciudades como México, Sao Paulo, Río de Janeiro, Bueno Aires, Montevideo entre otras.

Se gobierna lo local desde una visión global pero en las últimas elecciones el provincialismo y el localismo han dominado en todos los partidos ya sea en los tradicionales como en los regionales y locales.

Carecemos de estadistas de la ciudad. Los candidatos a la alcaldía de Lima expresaron a través de los debates y sus planes de gobierno, visiones muy chatas o pobres, que dan cuenta que pese a que tenemos tres décadas eligiendo autoridades, no hemos logrado conformar un equipo de estadistas de la ciudad que esté en capacidad de hacer de Lima una ciudad cosmopolita, abierta al mundo, que una tradición y modernidad, proyectándose hacia el mundo, compitiendo con otras ciudades para superarlas y lograr, de esa manera, que Lima se convierta en una de las ciudades más importantes del orbe.

El resultado de las elecciones municipales en Lima estaba cantado y a nadie se sorprendió. Sin embargo, lo que llamó la atención es la muy baja calidad política y técnica en los debates.

El triunfo de Luis Castañeda el 5 de octubre requiere que el ex alcalde fundamente, explique y señale en blanco y negro cómo va a lograr enfrentar los enormes retos de la ciudad de cara al 2021, el bicentenario de la Independencia y frente a los Juegos Panamericanos del 2019 que son las metas precisas que requieren, simbólica y prácticamente, acuerdos fundamentales entre el Gobierno Metropolitano, el Gobierno Nacional, los alcaldes distritales y los emprendedores (grandes, medianos y pequeños).

Lima requiere una inversión de alrededor de 50 mil millones de dólares para hacer frente a temas básicos como el agua y desagüe –más de un 10% de los vecinos de Lima carecen de ese servicio-, el tratamiento de las aguas, la descontaminación de los ríos Rímac, Lurín y Chillón, y la descontaminación de las playas de la metrópoli. ¿Se va a seguir gestionando el agua por SEDAPAL y el Poder Ejecutivo? ¿Lima va a seguir cruzada de brazos mientras el Gobierno Nacional monopoliza este tema que requiere cambios estratégicos?

En temas como el transporte, el tránsito y la vialidad, el Gobierno tiene en sus manos la convocatoria a las líneas 2 y 3 del Metropolitano, pero se requiere la ampliación de la Línea 1 hasta Lurín por el Sur y hasta Jicamarca por el Este. ¿Hay consenso para considerar que el Metro de Lima es el eje sobre el cual se debe articular todo el sistema de transportes en Lima Metropolitana? ¿Cómo integrar en una visión al Callao que tiene poco más de un millón de habitantes? ¿Cómo seguir con dos autoridades que en lugar de coordinar se enfrentan? Por la conurbación Lima y el Callao son una gran metrópoli de diez millones de habitantes que se acerca a incorporar a Chancay y Huaral por el Norte y a Cañete por el Sur. ¿Cómo crear las condiciones para una gobernanza moderna que incida en la gobernabilidad de esta enorme ciudad -una de las más extensas del mundo- que debe transformarse en una gran ciudad?

Proyectos pasados como las escaleras y los hospitales son interesantes desde el punto de vista social y electoral pero eso no resuelve los problemas de fondo de la salud preventiva que es hacia a donde apuntan las políticas modernas de salud ni a los grandes temas del desarrollo urbano y la modernización de las nueva Lima.

Desde el lado de los proyectos viales, ¿cómo entender la propuesta del monorriel? ¿Cómo alimentador de las grandes ejes articuladores de las líneas 1, 2 y 3 del Tren Eléctrico? La única forma que una propuesta de esta naturaleza tenga sentido es articulándose con el Tren Eléctrico. Igual debe suceder con el Metropolitano y los Corredores Viales, ninguno de estos debe competir con el otro. Son complementarios sobre la base del eje del Tren Eléctrico.

¿Qué hacer frente al Centro Histórico de Lima y del Callao y los grandes espacios en distritos como Barranco, Miraflores, Rímac, San Isidro, Pachácamac, Lurín, Pueblo Libre, Ate, San Juan de Lurigancho por mencionar a algunos? No podemos olvidar que Lima fue capital del Virreinato del Perú –el más importante de América del Sur- y que en este espacio florecieron culturas hace más de dos mil años. Hemos perdido décadas en la recuperación de los espacios históricos y hemos ya destruido demasiado del pasado milenario. El Gobierno Municipal de Luis Castañeda debe consensuar un Plan destinado a la recuperación del Centro Histórico que incluya al Rímac y de los espacios de Lima pre-hispánica que abarcan un período con monumentos y recursos arqueológicos de más de 2 mil años. No existe un Plan de esta naturaleza que para tener financiamiento y éxito debe ser concertado entre Lima, Callao y el Gobierno Nacional.

Pero los desafíos son mayores si examinamos el tema de la lucha por el desarrollo. En Lima el 0.7 por ciento de la población se encuentra en extrema pobreza y el 13 por ciento en pobreza. Son más de un millón de personas que requieren ingresos pero también vivienda en barrios decentes, educación, salud preventiva y curativa, espacios para la recreación, el deporte, además de actividades artísticas y culturales. En este espacio ha surgido la nueva clase media que ha creado ciudades en desiertos y pedregales. ¿Cuáles serán las políticas para apoyar a los emprendedores? ¿Cuáles las políticas para la formalización? ¿Cuáles serán las políticas para la consolidación y modernización de zonas industriales, comerciales, financieras, gastronómicas y de servicios de la ciudad? Todo esto requiere de políticas, estrategias, planificación, planeamiento y capacidad para generar recursos.

La seguridad ciudadana implica, asimismo, acabar con el feudalismo distrital por el cual cada alcalde hace lo que puede sin integrarse a un Plan Metropolitano que debe ser parte de una Plan Nacional de Seguridad Ciudadana. En las campañas electorales los alcaldes han propuesto todo aquello que la ley no les permite, desde sacar a las Fuerzas Armadas y darle armas al Serenazgo. Pasó la campaña electoral y se requiere seriedad en las propuestas. No se puede continuar con una visión por la cual los alcaldes distritales van de espaldas unos de otros y el Gobierno Nacional les pide que inviertan en comisarías, camionetas, equipamiento, cámaras de video vigilancia, Puestos de Auxilio Rápido, pago a los policías por las labores conjuntas, la formación de las Juntas Vecinales de Seguridad Ciudadana, mientras la PNP - de acuerdo a la Constitución y las leyes tiene la responsabilidad de la seguridad ciudadana, el orden interno y el orden público- por la falta de liderazgo político no asume el papel que le corresponde. La seguridad ciudadana es un tema que implica tareas cada vez más especializadas y, por ende, implica educación, capacitación, entrenamiento, equipamiento y más recursos. Todo eso no lo pueden hacer los alcaldes. Se requiere una policía especializada porque los problemas en las ciudades son de naturaleza diferente y la delincuencia y la violencia se han vuelto más complejas y se han internacionalizado. Por ello, es preciso que el nuevo Gobierno Municipal de Lima, pasada la campaña electoral, defina qué va a hacer en los próximos cuatro años y que exprese, claramente, qué es lo que lo corresponde hacer al Gobierno Nacional en ese tema. No se puede seguir con un discurso ajeno a la realidad del país y del mundo.

Tema fundamental es el de la Costa Verde por las implicancias que tiene tanto para la generación de empleo –turismo, inversiones, etc.- como para la recreación, el deporte, la vivienda, el comercio, la gastronomía, etc. Lima tiene un gran potencial como ciudad pues la costa de Lima abarca desde Pucusana, pasando por el Callao hasta Ancón. Es un enorme espacio que ha sido visto con criterios ideológicos más que con criterios técnicos, económicos y turísticos que deben considerar desde la generación de mayor calidad de vida y competitividad. Se requiere un gran Plan Maestro de la Costa de Lima-Callao que abarque toda el espacio señalado. Esto implica precisar cuáles son los espacios para la inversión privada que genere riqueza y cómo hacer para que el excedente se invierta en espacios públicos como ocurre en todas las grandes ciudades costeras del mundo. Todos repiten que Lima es la única capital de América del Sur construida frente al mar pero nadie se atreve a poner en la agenda política el tema de la modernización y puesta en valor de este enorme espacio urbano que puede generar miles de puestos de trabajo. Estamos frente a un tema politizado sin considerar su importancia estratégica.

Lima requiere, asimismo, espacios para las nuevas industrias y los grandes servicios compatibles con el medio ambiente. ¿En dónde se van a construir las nuevas industrias y servicios? ¿Qué hacer frente a las nuevos espacios urbanos emergentes? ¿Cómo integrar todos en una ciudad moderna, pacífica, solidaria y, simultáneamente, competitiva? ¿Cuáles son las grandes inversiones urbanas? ¿Cuáles son los planes frente a los tres valles de Lima? ¿Cómo vamos a resolver el desbalance ambiental de una ciudad que tiene menos de 2 metros cuadrados de área verde por habitante frente a los parámetros de la OMS que señala como mínimo 8 metros cuadrados por habitante? ¿Cuáles son los planes? Preservar los valles y recuperar los ríos implica fundamentar cuáles son los espacios de expansión de Lima y cuál es la política para la densificación de la ciudad porque Lima no puede seguir expandiéndose, creciendo horizontalmente, porque todo ello encarece el suelo y los servicios que dejan de ser competitivos. Eso perpetúa la pobreza.

¿De dónde van a salir los recursos par la gran modernización de Lima? ¿Cómo se van a financiar, en forma inmediata, los espacios públicos, la infraestructura y los servicios para un evento que está a cuatro años como son los Panamericanos? ¿Cuál es la agenda para enfrentar los retos del 2021?

Lima requiere recursos. Se ha propuesto un canon que beneficie a Lima por ser ciudad capital pero, sobre todo, porque genera riqueza pero eso no se refleja en sus ingresos que limitan los servicios y la calidad de las inversiones públicas. ¿VA a tomar una iniciativa el nuevo Gobierno Municipal de Lima?

¿Cuál va ser la política frente a la inversión privada? ¿Concesiones? ¿APP? ¿Se fortalecerá la CEPRI Metropolitana y las CEPRIS distritales? ¿Trabajarán en forma conjunta?

Volvemos al inicio. Lima requiere de una visión política moderna que enfrente y no rehúya de los desafíos de gobernanza y gobernabilidad. Hoy Lima y el Callao son un espacio fraccionado en el que predomina el caudillismo y la visión elemental de caciques políticos locales. Es la feudalización de la política en pleno siglo XXI. Los compartimentos estanco en un mundo sistémico e integrado. Esto es preciso cambiarlo. Se requieren cambios legislativos en la Ley Orgánica de Municipalidades. Pero las leyes no cambian la realidad. Es el liderazgo, la conducción política, lo que define los cambios. Es imperativo un cambio en la visión, el liderazgo y la cultura política. Tal como funciona la subdesarrollada política municipal es muy poco lo que se puede hacer. Se requiere una revisión de conceptos. Pero, sobre todo, se requiere liderazgo.

Existe las condiciones para realizar cambios fundamentales pero se requiere un acuerdo político entre los partidos con el fin de actuar en forma conjunta. En esos acuerdos se debe incluir al Gobierno Nacional y se debe considerar a los emprendedores que son el motor de la sociedad, de la economía y del progreso.

Una de las bases para un Acuerdo es el Plan Regional de Desarrollo Concertado de Lima (2012 -2025). Sería un error no entender que los gobiernos son continuidad y ruptura. Pero que la continuidad de lo correcto o de lo bien realizado es la base para el desarrollo. El mesianismo y el famoso complejo de Adán son conductas pre-modernas que, a estas alturas, nos alejan del progreso. La discontinuidad o la ruptura con malas prácticas políticas en las actuales circunstancias implica correcciones pero, sobre todo, eficiencia.

Lima requiere estadistas de la ciudad. Ese es el tema de fondo. Una nueva cultura política que vaya más allá del caudillismo y el autoritarismo. Sin visión y con algunos proyectos pragmáticos no se avanzará. Se requiere una convocatoria amplia y una capacidad ejecutiva eficiente, rápida y eficaz.

Finalmente, la sociedad civil y la sociedad política deben realizar todos los esfuerzos para que la Controlaría General de la República y todos los organismos de control, cuenten con capacidad para fiscalizar el gasto, supervisar los concursos y actuar rápidamente. Las invocaciones a la moralidad y la buena conducta si no van unidas a un estricto control de parte de los organismos encargados no son útiles. Toda la sociedad moderna se ha construido sobre la base de la separación de los poderes y el control político mutuo. Pero, la corrupción y el lavado de activos ha llegado demasiado lejos por su capacidad para la impunidad. Lima y el país cuentan con fuerzas vivas que buscan el cambio, la modernización, la generación de empleo y el progreso. Controlar, fiscalizar y sancionar son asuntos estratégicos en una sociedad civilizada. El Congreso de la República y el Gobierno Nacional tienen que aumentar los ingresos de la Contraloría General de la República y los partidos y la prensa independiente tienen el deber de fiscalizar. Eso implica defender el derecho ciudadano y el futuro de la ciudad. Lima lo merece.