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En parte sí. Y de otro lado No

Publicado 2021-04-14 , Categoria

Por. Pedro Miguel Angulo Arana
Ex Decano del Colegio de Abogados de Lima - Perú 
Los peruanos se han pronunciado en el contexto de partidos políticos y líderes que mayoritariamente no generan ni confianza ni credibilidad. El votante, se echa sus dudas por sobre los hombros y vota, porque espera solo algunas cosas concretas: obras, aunque no honestidad; seguridad, aunque no libertad; trabajo, aunque no más oportunidades.
La derecha y la izquierda conocidas no se diferencian mucho: ambas se pueden hacer fanáticas, ambas se manifiestan como logias o congregaciones cerradas y pueden ser soberbias, brutas y achoradas.
También tienen fuertes dosis de palabreo y mentira e ingredientes clásicos de corrupción. Así pues, la política se ha desbarrancado.
Hace mucho tiempo, además, desde que cayó Alberto Fujimori, que la “izquierda” de tipo caviar, se aupó a varios gobernantes: Toledo, García, Humala, Vizcarra y Sagasti, en mayores o menores proporciones, y lo
cierto, es que su acción desde el poder no significó nada para los peruanos que siempre vienen esperando atención para sus necesidades.
Al contrario, la izquierda deslumbrada por los placeres que otorgan el poder y el dinero, seducida por el establishment, resulta muy cómoda al sistema, porque su discurso aletarga y la acción práctica, se adecúa a que
todo siga igual, salvo algunas reivindicaciones que nada tienen que ver con lo que reconocería un socialista.
Si keiko Fujimori ha cosechado importantes votos del norte, no ha sido solamente por su marketing electoral, sino porque allá recuerdan que luego de las lluvias destructoras, allí estuvo Alberto Fujimori y contribuyo a
aliviar los males, con más efectividad, que los posteriores gobiernos en iguales circunstancias.
Igualmente, desde un comienzo Keiko se dirigió hacia las mujeres, como mujer, y expresó recoger la fortaleza y energía de ellas, lo que importaba un reconocimiento; y es obvio que ha contado con fuertes contingentes de
jóvenes que desconocen lo que fue el fujimorismo en el poder y también ha aprovechado su proceso, para victimizarse y generar simpatías.

Ahora bien, el pueblo peruano, no es como la clase política que fue anulada y colocada, malamente, contra la pared durante el fujimorato; pero que tampoco ha aprendido a ejercer mejor acción política. El rencor y el
temor que le tiene al fujimorismo, no se refleja en la ciudadanía que desea algo de eficacia en la acción de los políticos, ya que se ha visto que entre la vieja clase política es impensable esperar honestidad.
Pedro Castillo, por su lado, representa la reivindicación de las regiones que solo reciben la espalda de la capital, que sigue concentrando casi todo y todo lo devora para sí. Detrás de esos votos hay desesperanza, cansancio y
cólera. No han podido cosechar esos votos quienes siempre han hecho promesas y después han defraudado.
Esos votos de las regiones, será difícil que puedan variar; y están los otros votos de las regiones también que saben que, en el Congreso disuelto, los representantes Fujimoristas estaban obligados a posponer promesas y
reivindicaciones, porque se tenía que preferir interpelar ministros, tumbar consejos de ministros y buscar vacar a los presidentes.
Así pues, con la última performance Fujimorista, de la reivindicación de Alberto Fujimori, hay un retorno de mochila que se suma a la “obra” que se realizó en el Congreso de mayoría Fujimorista, de modo que no hay una
experiencia previa que se sume positivamente sino al contrario. Los votos que hasta ahora se han mostrado, solo son propios de minorías.
Por lo dicho, el resultado electoral revela un país desigual e injusto que espera atención y solución para graves problemas actuales, léase covid y para una situación económica insostenible; pero, no visto principalmente
desde la capital, sino de modo igualitario, desde todo el país.
Los candidatos que quedan, deben reflexionar porque ambos son vistos con desconfianza y a ambos les será difícil conseguir más votos. Además, desde ya deberían de tratar de tender puentes y lograr alianzas que puedan
ser presentadas también ante la ciudadanía y no por detrás de las cortinas ni por debajo de la mesa. La ciudadanía observa.
Deben también considerar que no han de faltar los que busquen promover el voto viciado y quitar respaldo a las elecciones de modo que pudieran ser anuladas. En Las circunstancias actuales, es dable imaginar que se podría

lograr el porcentaje de votos nulos y en blanco que requiere la constitución y que se deben realizar nuevas elecciones.